domingo, 28 de febrero de 2010

Alegrón de burro contra el Málaga 27-02-10

Después que el Madrid desolló al Tenerife en la Isla, y asumió el liderato de la liga, teníamos la fe de que el Málaga se plantara en el Camp Nou con hidalguía y le arrebatara al menos un punto al Barça, para que el Madrid durmiera de líder, y sembrara el terror y la amargura en Cataluña. Pero no sucedió ni lo uno ni lo otro. Aunque el Málaga sí plantó un buen partido defensivo, el Barça y su gran suerte terminaron imponiéndose, y el Madrid sólo contó el liderato por un par de horas. Qué lástima, qué cerca estuvo el Madrid de lograrlo, de no ser de nuevo por el entrometido de siempre, que nos arrancó la sonrisa al final, una vez más --por Dios, cuándo dejará de hacerlo?!!!!!--.

El partido fue muy entretenido. Yo tenía un presentimiento de que el
Barça pincharía, y a fe de que las cosas iban saliendo de película. Claro que al inicio, el Barça salió como una tromba, parecía dispuesto a tragarse al Málaga, porque ni por asomo podían permitir que el Madrid durmiera líder. Pases milimétricos, posesión absoluta del balón, cambios de ritmo, llegadas vertiginosas por las bandas, y el tic-tac de siempre en la media cancha, así como las aceleraciones terribles de la Pulga, hacían prever que si entraba un gol en los primeros minutos, el Málaga los contaría por docenas. Pero esos arrebatos fueron bien detenidos por la defensa del Málaga, y por dicha la ansiedad estaba a favor del Málaga, y en contra de los blaugranas. De todos modos, qué feliz me sentí al final de los primeros 45 minutos, cuando advertí dos cosas maravillosas: a- el marcador cero a cero, y b- el muslo enrojecido en la pierna derecha de la pulga, y éste visiblemente molesto y cojeando. Me froté las manos, me sentí feliz: imaginé a toda la gente en los bares de Madrid, frotándose las manos al igual que yo.

Claro, cuando empezó el segundo tiempo, y lo vi entrando sin cojear, empecé a preocuparme.

Sin embargo, el libreto no cambiaba, y los minutos pasaban y pasaban, y a medida que el reloj seguía su ritmo, y se acercaba el minuto 70, empecé a tener un brillo especial en la mirada; podía imaginar el final del partido con empate a cero, las caras largas de los blaugranas, el dulce pitido en las tribunas, y los preciosos titulares en Madrid y en todo el Orbe. Ja, que cosa más linda! Pero no, con el Barca no se puede celebrar nada hasta que se pite el final (recuerdo Stanford Bridge y se me cae el mundo a los pies), y en ese preciso instante surgió Piolín (o sea el canario) con un gol inesperado y desesperado. Al principio me engañé diciéndome: todo por culpa de Munúa, que estaba desubicado. Cualquier otro portero podía haber detenido ese tirillo, pero al ver las repeticiones y la forma en que se perfila el canario para disparar... ay Dios, qué trallazo de Piolín, se sacó un disparo formidable cuando nadie lo esperaba, de la misma forma que ya ha ido abriéndose camino a la titularidad. Pero por mucho que sea bueno el Piolín este, y me escuece que en Madrid no haya apariciones de esta calidad, no llega a desvelarme de la forma en que lo hace el sifonáptero.


Muy a pesar mío, debo reconocer que la Pulga hizo un gran juego; estuvo libre para jugar donde quisiera, pero como suele ocurrir ahora con todos los equipos contra los que juega, siempre estuvo vigilado por dos y hasta por tres jugadores rivales. A pesar de ello, los pusilánimes malagueños no fueron capaces de detenerlo. Se les fue en muchas ocasiones, por derecha, por izquierda; esas internadas por la derecha casi llegando hasta el portero, las hizo cuantas veces quiso, y centrando con su pierna mala, puso dos goles hechos a Ibra, que el sueco no pudo concretar... para dicha nuestra y desgracia suya. Me sentí triste porque yo abrigaba la esperanza de que el bicho estuviera en un bajón consumado, porque la verdad es no se veía del todo bien en los últimos juegos; pero ahora veo que todo fue un espejismo, ayer volvió a ser el de siempre, sembrando pánico en las defensas, y definiendo los partidos. Qué infortunio!

Pero con todo, no tienen ustedes una idea de mis gritos y mis saltos cuando el Málaga empató a 10 minutos del final. Mi esposa me reprendió, mis hijos también. Pero yo no paré de gritar por toda la casa, y por el patio. Los vecinos me mandaron callar, y aún así, seguí gritando. Fue una efuforia indescriptible ver la cara de derrota de Valdés y las muecas de Ibra mirando al cielo, buscando una inútil respuesta. Por instantes sentí que el Málaga sería capaz de dar otro zarpazo y herir de muerte al Barça, pero estos tipos no se doblegan. Pusieron la pelota al centro con prontitud, y empezaron un partido nuevo, en los escasos ocho minutos que faltaban para el final!!!! Jugaron imponiendo su orden y borrando al Málaga de un soplido, fueron menos de 10 minutos de una clase magistral de futbol, culminándola con una jugada tejida por casi todo el equipo, y sellándola el de siempre arrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr. Pero saben qué? Lo que más me aterra es que recuperen este juego de estos últimos 10 minutos, y entonces nadie sea capaz de detenerlos, como ocurrió el año pasado. Solo el hecho de imaginarme el Barça jugando así en el Barnabeu, me produce taquicardia, y más aún imaginándolos coronados en el propio estadio Blanco, con la Pulga como su máxima estrella, en la final de la Champions. Me voy, porque ahora tengo náuseas.

PD: el gol anulado a Ibra, me provocó mucha alegría, aunque debo reconocer que el árbitro se equivocó. No hubo falta alguna. Debió ser el decimotercer gol del sueco. El árbitro estuvo muy pero muy mal, porque debió haber anulado el gol de Pedro y el gol de Messi también, y expulsar a uno o dos culés, y haber pitado un penalti clarísimo a favor del Málaga, con lo cual se habría hecho justicia. El Málaga debió haber ganado con un mínimo de 2 a 0!


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