viernes, 12 de marzo de 2010

Los Leones se comieron a los Cristianos

Me duele el título que he puesto a la nota, pero es un título que brotó de la rabia y de la impotencia. Llevo dos días en condiciones pavorosas, como las de casi todos los madridistas. Por primera vez les voy a contar que NO soy seguidor del Real Madrid, sino del ATleti, equipo al cual me aficioné por la influencia de mi querido amigo, el bribón más grande de todos los bribones de la Tierra, José Luis Torrente.


De hecho, los madridistas (los del Real) me parecen patéticos y me caen gordos, como a una parte muy grande de la Humanidad; pero me resultan necesarios, porque son los únicos que --en la Liga-- tienen armas capaces de interrumpir la hegemonía del Barça, y en consecuencia, la progresión de la Pulga que tanto me incomoda... como todas las pulgas. Siempre apoyaré a los equipos que lleven en ellos el germen de la aversión a Messi, llámese Real Madrid, Manchester United, o el mismo Boca Juniors, cuyos seguidores odian a Messi, porque éste ha superado en todo a su consentido Carlitos.

El partido del Madrid contra el Lyon yo lo asumí de la misma forma que Ramos: ganaba el Madrid sí o sí, como mínimo 3 a 0. Pero resultó todo al revés, y el Madrid salió humillado en el propio Bernabeu, una vez más. Resultado terrible, porque se abre una puerta realmente dura para el madridismo y para aquellos a los que Messi nos resulta un tormento perenne: la posibilidad de que el Barça gane la Champions en el Bernabeu. Solo pensarlo y escribirlo es motivo suficiente para que me brote una urticaria. Se imaginan ustedes lo devastador que sería esto? Cualquier humillación previa (el 6 a 2, el hat trick de Messi, el Alcorcón, los Leones, etc. etc.) sería un rosal, a la par del sunami que se levantaría en Madrid y en el mundo si el Barça llega a la final el 22 de mayo, y la gana... Mejor paro porque ya me da un paro.

Termino con dos temas adicionales: el partido lo perdieron todos, pero todos, todos; no lo perdió solo Higuaín, ni Pellegrini, ni Guti, ni la actitud desquiciada de Ronaldo. Claro que era preferible que Higuaín le pasara la pelota a Ronaldo para que metiera el gol; pero en ningún momento lo ve, él recibe la pelota de rebote, no levanta la cabeza, y con esa chispa certera que tienen los killers saca un disparo rápido y correcto que Lloris repele mejor que el mismo Casillas, y Cristiano se va a la línea final a llorar como un nene y regañando al Argentino, sin tomar en cuenta la cantidad de veces que él evita compartir el caramelo con Higuaín por considerarlo un obstáculo interno para su gloria personal... eso es verdad. Me ha costado admitirlo, pero es la verdad. Ese tipo de actitudes son oprobiosas, y aunque mi deseo más profundo es que Higuaín, Cristiano, Benzemá, Raúl, o Kaká, opaquen a la Pulga, la mejor forma de lograrlo es que el Madrid funcione como un organismo, como un sistema preciso, y no como un desfile de cracks queriendo ganar cada uno a su manera. Ronaldo no es el más claro ejemplo de generosidad para que por él se señale al argentino. Muy a mi pesar, esta nota dice la verdad. (Abro un paréntesis para indicar que hace un par de años, Ronaldo era mi caballo de batalla en contra de Messi, porque lo superaba; pero ahora la Pulga lo ha rebasado abismalmente, y entonces mi esperanza es que el portugués vuelva a ser el que era, o que su puesto lo asuma Rooney, porque ya voy perdiendo la esperanza de que otro en el Madrid lo pueda conseguir.)

Esa es la razón de por qué los leones se los comieron y los sacaron de Europa. Ahora tengo la esperanza de que los alemanes hagan similar faena contra el Barça el miércoles próximo, porque si no es así, y este equipo despierta... Ahora ni modo, haré toda clase de fuerzas para que el Madrid gane la Liga, que es lo único que ya queda; no es poco botín, pero no es el más preciado.

Sin embargo, esa jugada del berrinche de Ronaldo no es la que más me aflige, pero sí me duele --como le dolerá a Higuaín toda su vida-- la jugada de billar, donde la pelota pega en el palo, y se cruza pasando frente al marco como sacándole la lengua. Solo dos pelotas quisieron entrar en ese marco --la de Cristiano y la de Pjanic--, pero la de Higuaín se arrepintió en la última fracción de segundo, para desgracia suya y de los merengues. No tienen idea de las palabrotas que lancé contra ese palo y contra la pelota maldita que no quiso entrar; fue tal mi cólera, amargura y frustración que tiré el mando del tele por la ventana, y creí ver el marco color blaugrana.


Y para terminar, qué necedad esa de que Messi lo nombren Embajador de la Unicef!!! Por qué los niños lo buscan? Por qué se identifican con él? Por qué el director de la Unicef dice que sus hijos le hacen más caso a la Pulga que a él? Qué tiene este hombrecito, para que le otorguen todos estos títulos y honores? Creen ustedes que es tan correcto, tan incapaz de un ¨quelachupen¨? Yo, realmente lo creo capaz de todo, como dice mi amigazo Torrente!

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